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H/H

HEALTH/

Llegó el debut, tal vez, más impresionante de la década que recién terminó.

/HEALTH

Ritmos Tribales, Gritos, Sobresaturación, Loops de Distorsionados Sonidos Análogos y Riffs sin sentido… Así los de L.A. arman éste gran disco que no se parece a lo que nos habían enseñado los “rockstars” de tradición.

HEALTH/

Con la estrepitosa primer parte del albúm nos muestran que el rock puede recuperar esa frescura de la que alguna vez gozó, así como algo único en éstos días, una perfecta dualidad Análogo/Digital.

/HEALTH

Y si algo genera esta banda, aparte de escalofríos y aturdimiento, es la sensación de Urgencia/Danza al final del disco, bastante raro, particularmente cuando una banda tiene la etiqueta de Noise Rock.

HEALTH/

Seguramente algunos dirán que HEALTH y su LP homólogo continúan lo que THE JESUS AND MARY CHAIN habían dejado inconcluso, aunque, honestamente, yo no lo creo así.

¿o me equivoco, CRYSTAL CASTLES?

/HEALTH

Veintiocho minutos con Cuarenta y Tres segundos.

YOU WILL LOVE EACH OTHER.

082008

Con énfasis caótico, ritmos ácidos y melodías sicodélicas derramándose de sus manos llega Beck; con banda y álbum nuevos por supuesto.

Ésta vez la fórmula es sencilla. “Modern Guilt” es el resultado de la decoración y la ornamentación impulsiva/retro/futurista de Beck sumado al lado más  apocalíptico, enérgico y deconstructivista de Danger Mouse.

En éste viaje, Beck ES desde la primer canción: Orphans. Acompañado de Cat Power (cuya voz pareciera que siempre estuvo ahí), canta a la oscuridad del sueño y a la silueta carmesí que lo envuelve, dejando al descubierto un dilema para todo escucha.

Conforme los minutos avanzan, los ritmos con estática, percusiones que añoran, aceptan y juegan con la culpa, demuestran que Beck no estuvo solo, Danger Mouse deja su firma con un breakbeat impecable, guitarras sucias, violines que derriban paredes y la impresión de estar frente a un volcán que está a punto de estallar en medio tempo.

Todo esto a sus 38 años; recién cumplidos y dejando claro que el niño LOSER, ha quedado muy atrás.

Salí a caminar como acostumbraba, parte de esa rutina era revisar con cuantos cigarrillos contaba. Quedaba uno en la cigarrera, tenía que solucionarlo. Caminaría entonces hasta la manzana de Lázaro para conseguir más de mi marca preferida, motivo de mis largas caminatas para satisfacer mis deseos. Saqué el cigarro y guardé mi cigarrera, dejé mi mano en la bolsa junto con ella. En ambos lados tenía un grabado de la serpiente que se devora a sí misma, recorría esos bordes con los dedos hasta completar el círculo, una y otra vez, hasta que, la imperante necesidad de encender el cigarrillo reclamaba mi mano.

Detuve mis pasos ya en la manzana, mientras intentaba encender el cigarro; un hombre en cuya presencia no había reparado exigió “Fuego”, como autómata o adicto, puede encender su cigarrillo sin levantar la mirada, seguí con mi camino.

Solo alcancé a ver que fumaba algo poco usual en la zona, al doblar la siguiente esquina y pasar junto a un hombre que fumaba, tuve un sentimiento de familiaridad con él, no le dí gran importancia y seguí caminando, el hecho se hizo notorio cuando sentí lo mismo en la otra esquina, pero esta vez, reparando en la figura de un hombre, que encontré en la siguiente y nuevamente en la próxima esquina a la cual llegué agitado, pues quería correr de él, pero también estaba adelante. Así que doblé al sentido contrario para regresar a mi casa. Repitiendo el encuentro en cada esquina, con ese cigarrillo que nunca se terminaba.

Cuando estuve frente a mi casa le encontré, escuché que sarcásticamente decía “¿Fuego?”.

Abrí con violencia el cerrojo de mi puerta, me arrojé dentro, pero no alcancé a cerrar la puerta, cuando una mano dentro lo hizo por mí, inmediatamente después, me tomó del cuello y me miró, me reconocí y la serpiente siguió devorándose.

Ahora saldré a dar mi paseo de todos los días, pero ya no revisaré la cigarrera, no tiene sentido, pues cuando regrese, después del afectuoso saludo, encontraré un paquete de cigarros ajenos justo con la mitad que me corresponde.

Mientras salía a mi caminata diaria por la manzana de Lázaro, donde vivía. Frente a la puerta encontré a un hombre, de aspecto extraño con un cigarrillo, cual nunca había visto a pesar de preciarme de conocedor de cigarrillos.

Me detuve y le pregunté: ¿Cuál es la marca de ese cigarrillo..? Él no me respondió. Un poco molesto por la actitud de hombre, me alejé con mirada desafiante.

Proseguí mi camino doblando en la esquina, y estaba él, con el mismo cigarrillo. Me acerqué y pregunté: ¿Cómo pudiste llegar antes que yo? Él me miró, nunca profirió alguna palabra. Me tomó del brazo me dio a fumar y lo retiró de mis labios rápidamente. Me ahogué en tan espantoso sabor, incluso lloré. ¿Cómo alguien podría fumar tan mortal cosa? Corrí para alejarme de él.

Doblé en la otra esquina… él estaba parado, fumando. Dios, no podía ser él. Enfurecido me acerqué a él, le exigí que me dejara en paz. Estaba por consumirse el cigarrillo. Él dijo: “La próxima vez que me veas, pertenecerás a mí. Es tiempo de regresar.” Lo miré y corrí, doblé en la esquina para llegar a mi casa.

Abrí la puerta presurosamente, casi rompí la llave en el cerrojo. El aliento me faltaba, aún sentía aquel desastroso sabor. Volteó y mi alarido lleno la habitación. Él estaba fumando en el umbral de mi cuarto. Me agarró del cuello, ahogándome, miré de nuevo su rostro: ¡Dios, era el mío! Pertenecía yo a aquel monstruo.

La mañana siguiente, lo único que tomé fue una cajetilla roja, cajetilla que nunca compré. En la calle, espero que aquella criatura salga de mi casa, si es como yo, saldrá a caminar. Así las partes puedan cambiarse. Llevo media cajetilla, he esperado demasiado.

El amor con que se les conjura.

¿Qué habrá más allá? ¿Más allá de la ventana?

No sólo la escena ilimitada de un drama; sino episodios vitales llenos de complejidad temible que devoran cualquier línea de tiempo -entre los personajes- con vitales círculos vibrando ante cualquier mínimo soplo de arte. Por tanto…

Lado B

…Hincado y con la cabeza metida entre las manchadas tablas de una guillotina, el prisionero ante el vulgo, habla en su defensa:

“Yo soy el Fracaso –agonía naciente, muerto en vida- y nombrarme así es regocijo vuestro.

“Atrapado en el filo de los accidentes; inundo sus dolores y ahogo sus alegrías, otorgo el laurel que los empuja a la ruina, muestro sus insignificantes actividades reducidas a su esencia.

“Éste es mi premio y su desgracia, mi corona de espinas, porque ¡finalmente todo es nada!

“Y desde una plataforma vacía caerán ascendiendo con el combustible mamado de mi seno. Consuman mi muerte y agoten su vida.”

Baja la navaja una vez, y otra y otra sin cortar la cabeza.

Absuelto por sí mismo el prisionero se libera. Al incorporarse su cabeza se desprende envuelta en rizadas llamas. Cae, rebota y rueda purificada por el suelo. Tierra y cielo giran para ella. Tierra y cielo se caen con ella.

“Quien pueda librarse de mí – la testa prosiguió- recibirá la maldición de una estéril vida plena, ver mi sangre los condena a estar satisfechos el resto de su vida. Descansen en paz. Yo no lo haré. No he muerto…”

Fracaso

Lado A

Abrí la puerta, tratando de no revelar mi presencia por el ruido de las bisagras. Escuché personas debajo del cuarto, mascullando frases en desorden, donde lo único que alcancé a comprender fue a palabra “condena”. Madre rompió –a mi parecer- en fingido llanto en cuanto las voces pararon de percibirse. Eran tres policías, verifiqué por la ventana mientras salían.

Cuando bajé, Padre soltó en una mirada mi liberado destino. Me retiré de la casa únicamente con el DICTIONNAIRE PHILOSOPHIQUE de Voltaire, dinero y un abrigo. Salí por la puerta trasera, que daba directamente a la avenida Fractum. Caminé mirando los puestos y las avenidas con andar firme y orgulloso mientras fumaba. Decidí partir ese día de ***, este pueblo fomentaba mi fracaso intelectual; cuyo interés no sobrepasaba de la adoración cristiana. Querían que fuera sacerdote…

Estaba ebrio de Voltaire: “Jesucristo necesitó Doce apóstoles para propagar el cristianismo, voy a demostrar que basta sólo uno para destruirlo”. Me deleité en magistrales escenas de oratoria donde mi voz resonaba en el vacío de cada persona.

Continué mi recorrido por la calle Casser con dirección a la estación. Imbécil pueblo que se agita con el correr de los tiempos, acusarme de sacrílego hasta el punto de introducir a la policía. Nunca sabrán a la suerte que se enfrentan. Recordé un fragmento de la “aneub se adiv aL de Heimor B. Robszet[1] en el cual se presentaba la historia de un hombre condenado a la guillotina por manifestarse en contra de su ciudad, condenándola al fracaso, con un impresionante último discurso; se rumoró por mucho tiempo que la cabeza tras ser cortada prendió en llamas y habló. Ojalá pudiera recordar el nombre…

Llegué a la terminal, compré el boleto a cualquier destino, detrás de mí se encontraban los policías que había visto en mi casa. Idiotas. Fui por los pasillos y saboreé mi libertad. El sonido del tren. Salté a la puerta. Esto es sólo el comienzo.


[1] Heimor B. Robszet es un poeta nacido en Berlín en 1889 – con fecha desconocida, se presume que su muerte fue el 11 de noviembre de 1958 en México, condenado al exilio. De su vida no se sabe más allá de su nacimiento y su presunta muerte en México. Su obra se compone mayormente de fragmentos recopilados por H. Serrano Sánchez. aneub se adiv aL es su única obra, donde explora una estética del vacío. Es reconocido generalmente por el epígrafe de dicha obra. “Und ich will auch der Grund, warum” (Traducción “Y yo para qué quiero la razón”)